Historia y Cultura

Babilonia: Babilonia. Ciudad de Babilonia. Primera época. La ciudad neobabilonia y su decadencia. Topografía. Imperio Babilonio. Civilización babilónica. Sociedad. Vida familiar. Ciudades. Tecnología. Sistema legal y escritura. Historia. Hammurabi. Los casitas y la II Dinastía de Isin. El legado babilónico. Religión de Babilonia. El panteón. Ritos y culto. Creencias.

Ciudad de Babilonia

Babilonia

Una de las ciudades más importantes de la antigüedad, cuya localización está hoy en día marcada por una amplia zona de ruinas al este del río Éufrates, a 90 km al sur de Bagdad, en Irak. Babilonia fue la capital del Imperio babilónico durante los milenios II y I a.C. En la antigüedad, la ciudad se beneficiaba de su posición en la importante ruta comercial por vía terrestre que conectaba el golfo Pérsico y el Mediterráneo.

Primera época

Aunque el emplazamiento estuvo ya ocupado durante la prehistoria, Babilonia se menciona por primera vez en documentos de finales del III milenio a.C. Hacia el 2200 a.C. se conoce como emplazamiento de un templo, y durante el siglo XXI a.C. estuvo sometida a la cercana ciudad de Ur. Babilonia se hizo una ciudad-estado independiente hacia 1894 a.C., cuando el amorita Sumu-Abum fundó allí una dinastía. Esta dinastía alcanzó su apogeo con Hammurabi. En el 1595 a.C. La ciudad fue capturada por los hititas, y poco después por los casitas (hacia 1590-1155 a.C.). Los casitas transformaron la ciudad-estado de Babilonia en la capital de Babilonia, región al sur de Mesopotamia. La ciudad era el centro administrativo de un gran reino. Después, probablemente en el siglo XII a.C., se convirtió también en centro religioso del reino, cuando su dios principal, Marduk, fue situado a la cabeza del panteón mesopotamio.

En el 1158, la dinastía casita cayó en manos de los elamitas del este, y Babilonia fue regida por distintas y breves dinastías hasta finales del siglo VIII a.C. cuando cayó bajo la influencia de Asiria. Senaquerib, desesperado por controlar las tribus locales, destruyó la ciudad en el 689 a.C.; su sucesor, Esaradón (que reinó entre el 681 y el 669 a.C.), la reconstruyó. En el 625 a.C., los caldeos, dirigidos por Nabopolasar, tomaron la ciudad.

La ciudad neobabilonia y su decadencia

Nabopolasar fundó la dinastía neobabilonia, y su hijo Nabucodonosor II extendió el reino hasta Palestina y Siria. La capital de Babilonia fue renovada con los nuevos edificios del templo y del palacio, grandes murallas y puertas de fortificación y caminos procesionales pavimentados; fue la mayor ciudad del mundo conocido, abarcando más de 1.000 hectáreas.

Nabucodonosor

El Imperio Neobabilonio duró poco tiempo. En el 539 a.C., Ciro II el Grande capturó Babilonia y la incorporó al recién fundado Imperio Persa. Con los persas, Babilonia funcionó durante un corto periodo como residencia oficial del príncipe de la corona, hasta que una revuelta local en el 482 llevó a Jerjes I a arrasar los templos y el zigurat, o torre del templo, y a derribar la estatua del dios patrono Marduk.

Alejandro Magno capturó la ciudad en el 330 a.C. y proyectó reconstruirla como capital de su gran imperio, pero murió antes de poder llevar a cabo sus planes. Después del 312 a.C., Babilonia fue utilizada temporalmente como capital de los Seléucidas, que se establecieron como sucesores de Alejandro. Cuando la nueva capital, Seleucia del Tigris, se fundó a comienzos del siglo III a.C., la mayor parte de la población de Babilonia se trasladó allí. Durante cierto tiempo los templos siguieron utilizándose, pero la ciudad perdió su importancia y prácticamente había desaparecido antes del surgimiento del islam durante el siglo VII d.C.

Topografía

La topografía de Babilonia se conoce mejor a partir de los niveles de ocupación de la dinastía neobabilonia, excavados por Robert Koldewey y otros arqueólogos alemanes antes de la I Guerra Mundial. En aquellas fechas, el Éufrates dividía la ciudad en dos partes desiguales: el barrio antiguo, con la mayoría de los palacios y templos en la orilla este, y la Ciudad Nueva en la orilla oeste. Cerca del centro de la ciudad, en lugar prominente, se encontraba el Esagila, templo de Marduk; al norte estaba la torre-templo de Etemenanki (el zigurat), edificio de siete plantas, popularmente relacionado con la Torre de Babel. En la esquina noroeste de la ciudad antigua se encontró un entramado de palacios y fortificaciones; los excavadores alemanes identificaron unas ruinas de esta zona con los cimientos de los Jardines Colgantes, una de las Siete Maravillas del Mundo, que Nabucodonosor II construyó para su esposa meda. Cerca estaba la Puerta de Istar, con sus leones y dragones en ladrillo esmaltado. El principal camino procesional pasaba a través de esta puerta; era la ruta seguida por los líderes religiosos y políticos durante las ceremonias del festival del Año Nuevo. Otras nueve puertas importantes atravesaban las grandes murallas de fortificación interna de la ciudad, a partir de las cuáles surgían los caminos hacia los principales asentamientos de Babilonia

Imperio Babilonio

Antiguo reino de Mesopotamia, conocido originalmente como Sumer y después como Sumer y Acad, entre los ríos Tigris y Éufrates, al sur de la actual Bagdad, Irak.

Civilización babilónica

La civilización babilónica, que duró desde el siglo XVIII hasta el VI a.C., era, como la sumeria que la precedió, de caracter urbano, aunque se basaba en la agricultura más que en la industria. El país estaba compuesto por unas doce ciudades, rodeadas de pueblos y aldeas. A la cabeza de la estructura política estaba el rey, monarca absoluto que ejercía el poder legislativo, judicial y ejecutivo. Por debajo de él había un grupo de gobernadores y administradores selectos. Los alcaldes y los consejos de ancianos de la ciudad se ocupaban de la administración local.

Los babilonios modificaron y transformaron su herencia sumeria para adecuarla a su propia cultura y carácter. El modo de vida resultante demostró ser tan eficaz que sufrió relativamente pocos cambios durante aproximadamente 1.200 años. Influyó en sus países vecinos, especialmente en el reino de Asiria, que adoptó la cultura babilonia prácticamente por completo. Afortunadamente, se ha encontrado una colección importante de obras de literatura babilonia gracias a las excavaciones. Una de las obras más importantes es la magnífica colección de leyes (siglo XVIII a.C.) frecuentemente denominada Código de Hammurabi, que, junto con otros documentos y cartas pertenecientes a distintos periodos, proporcionan un amplio cuadro de la estructura social y de la organización económica.

Sociedad

La sociedad babilónica estaba compuesta por tres clases sociales representadas por el awilu, persona libre de clase superior; el wardu, o esclavo; y el mushkenu, persona libre de clase inferior, que se encontraba legalmente entre el awilu y el wardu. La mayoría de los esclavos eran prisioneros de guerra, aunque algunos eran reclutados entre la población babilonia. Por ejemplo, las personas libres podían ser hechas esclavos como castigo por algunos delitos; los padres podían vender a sus hijos como esclavos en momentos de necesidad; o un hombre incluso, podía someter a toda su familia a los deudores como pago de una deuda, pero no durante más de tres años. Los esclavos eran propiedad de su amo, como un bien mueble. Podían ser marcados y azotados, y eran severamente castigados si intentaban escapar. Los esclavos tenían algunos derechos legales y podían realizar negocios, prestar dinero y comprar su libertad. Si un esclavo se casaba con una persona libre y tenían hijos, estos eran libres.

Vida familiar

La familia era la unidad básica de la sociedad babilonia. Los matrimonios eran dipuestos por los padres y los esponsales se reconocían legalmente tan pronto como el novio presentaba un regalo nupcial al padre de la novia; la ceremonia matrimonial normalmente concluía con un contrato inscrito en una tablilla. Aunque el matrimonio se consideraba principalmente un acuerdo práctico, hay pruebas que sugieren que no eran completamente desconocidas las relaciones prematrimoniales clandestinas. La mujer babilonia tenía algunos derechos civiles importantes. Podía tener propiedades, realizar negocios y actuar como testigo en un juicio. Sin embargo,el marido podía divorciarse de ella por cuestiones triviales, o, si no le había dado hijos, podía contraer matrimonio con otra mujer.

Ciudades

El número de habitantes de una ciudad variaba probablemente entre 10.000 y 50.000. Las calles de la ciudad eran estrechas, sinuosas e irregulares, flanqueadas por los muros altos y sin ventanas de las casas. Las calles no estaban pavimentadas ni tenían alcantarillas. La casa media era una estructura pequeña, de una planta y de ladrillos de barro, compuesta de distintas habitaciones agrupadas alrededor de un patio. Por otra parte, la casa de un próspero babilonio era, probablemente, una residencia de dos pisos de ladrillo con aproximadamente una docena de habitaciones, con muros interiores y exteriores enlucidos y enjalbegados. La planta inferior tenía una habitación de recibimiento, una cocina, un cuarto de aseo, las habitaciones del servicio y, a veces, incluso una habitación privada para el culto. Los muebles incluían mesas bajas, sillas con respaldo y camas con armazón de madera. La vajilla doméstica estaba fabricada de arcilla, piedra, cobre y bronce, y los cestos y las arcas de caña y madera.

Las casas frecuentemente se construían sobre un mausoleo donde se enterraban a los miembros de la familia. Los babilonios creían que las almas de los muertos viajaban al siguiente mundo, y que, al menos en cierto grado, la vida seguía allí como en la tierra. Por esto, enterraban junto al muerto tarros, herramientas, armas y joyas.

Tecnología

Los babilonios heredaron los logros técnicos de los sumerios en riego y agricultura. El mantenimiento del sistema de canales, diques, presas y depósitos construidos por sus predecesores necesitaba de un considerable conocimiento y habilidad de ingeniería. La preparación de mapas, informes y proyectos implicaban la utilización de instrumentos de nivelación y jalones de medición. Con fines matemáticos y aritméticos, utilizaban el sistema sexagesimal sumerio de numeración, que se caracterizaba por un útil dispositivo denominado notación lugar-valor que se parece al actual sistema decimal. Continuaron utilizándose las medidas de longitud, área, capacidad y peso, normalizadas anteriormente por los sumerios. La agricultura era una ocupación complicada y metódica que necesitaba previsión, diligencia y destreza. Un documento escrito en sumerio recientemente traducido, aunque utilizado como libro de texto en las escuelas babilonias, resulta ser un verdadero almanaque del agricultor, y registra una serie de instrucciones y direcciones para guiar las actividades de la granja, desde el riego de los campos hasta el aventamiento de los cultivos cosechados.

Los artesanos babilonios eran diestros en metalurgia, en los procesos de abatanado, blanqueo y tinte, y en la preparación de pinturas, pigmentos, cosméticos y perfumes. En el campo de la medicina, se conocía bien la cirugía y se practicaba frecuentemente, a juzgar por el Código de Hammurabi, que dedica varios párrafos a la cirugía. También se desarrolló, sin lugar a dudas, la farmacopea, aunque la única prueba importante de ello procede de una tablilla sumeria escrita algunos siglos antes de Hammurabi.

Sistema legal y escritura

Ley y justicia eran conceptos fundamentales en el modo de vida babilonio. La justicia era administrada por los tribunales, cada uno de los cuales tenía entre uno y cuatro jueces. Los ancianos de una ciudad frecuentemente formaban un tribunal. Los jueces no podían revocar sus decisiones por ninguna razón, aunque podían dirigirse apelaciones contra sus veredictos ante el rey. Las pruebas consistían en afirmaciones de testigos o de documentos escritos. Los juramentos, que desempeñaban un papel importante en la administración de justicia, podían ser prometedores, declaratorios o exculpatorios. Los tribunales aplicaban castigos que iban desde la pena de muerte al azote, la reducción del status social a la esclavitud y el destierro. Las compensaciones por daños iban desde 3 a 30 veces el valor del objeto perjudicado.

Para asegurar que sus instituciones legales, administrativas y económicas funcionaban eficazmente, los babilonios utilizaban el sistema de escritura cuneiforme desarrollado por los sumerios. Para formar a sus escribas, secretarios, archiveros y demás funcionarios administrativos, adoptaron el sistema sumerio de educación formal, bajo el cual escuelas seglares servían como centros culturales. El plan de estudios consistía principalmente en copiar y memorizar ambos libros de textos y los diccionarios sumero-babilonios que contenían largas listas de palabras y frases, incluidos los nombres de árboles, animales, pájaros, insectos, países, ciudades, pueblos y minerales, así como una gran y diversa colección de tablas matemáticas y problemas. En el estudio de la literatura, los alumnos copiaban e imitaban distintos tipos de mitos, epopeyas, himnos, lamentaciones, proverbios y ensayos en lengua sumeria y babilónica.

Historia

Largos periodos de la historia del antiguo Oriente Próximo no pueden datarse con exactitud. La Relación de Reyes Sumerios ofrece una sucesión de gobernantes hasta el final de la dinastía de Isin, hacia el 1790 a.C., pero no es fiable para las fechas anteriores a la dinastía de Acad, hacia el 2340 a.C. Se establece una cronología relativamente fiable para el periodo que comienza con la dinastía de Acad hasta el final de la I Dinastía de Babilonia, cerca del 1595 a.C. Sin embargo, este periodo es seguido por más de 700 años de oscuridad, durante el cual las fechas son únicamente aproximadas. Se utilizan tres sistemas cronológicos principales para el antiguo Oriente Próximo: alto, medio y bajo, dependiendo de si la fecha asignada al primer año de reinado de Hammurabi de Babilonia es 1848, 1792 o 1728 a.C. Las fechas de este artículo siguen la denominada cronología media, y se data el primer año de reinado de Hammurabi en el 1792 a.C.

Los sumerios

Hacia finales del siglo III a.C., el reino de Sumer y Acad cubría una gran zona regida por una dinastía sumeria conocida como la III Dinastía de Ur. El catalizador de su caída fue la migración de un gran grupo de nómadas semíticos, los amurru, o amoritas bíblicos, desde los desiertos árabes hasta el oeste. Tomaron una serie de ciudades importantes como Isin, Larsa, Babilonia y Esnunna (actualmente Tell Asmar) donde establecieron nuevas dinastías. Hacia el 2000 a.C. el último gobernador de la III Dinastía de Ur fue capturado por los elamitas. El reino de Sumer y Acad se desintegró y se inició la guerra civil. Al principio la ciudad de Isin intentó controlar Sumer y Acad, pero su autoridad fue retada por Larsa, algo alejada hacia el sur, y las dos ciudades estuvieron constantemente en guerra. Hacia el 1790 a.C. el rey Rim-Sin (1823-1763 a.C.) de Larsa conquistó y ocupó Isin, acontecimiento considerado tan importante que marcó el comienzo de una nueva, aunque limitada, época de datación en los anales de los escribas.

Hammurabi

Rim-Sin era incapaz de explotar su victoria, porque al mismo tiempo, en la hasta entonces modesta ciudad de Babilonia, el gobernante Hammurabi empezaba a destacar. Como rey, Hammurabi combinaba la astuta diplomacia con el liderazgo militar; derrotó a Rim-Sin, así como a los reyes de Elam, Mari y Esnunna, y hacia el 1760 a.C. se convirtió en el gobernante de un reino unificado que se extendía desde el golfo Pérsico hasta el río Habur. Se considera que la historia de Babilonia se inicia con Hammurabi.

Administrador inusualmente activo y capaz, Hammurabi ofreció su atención personal a detalles tales como la limpieza de canales de irrigación y la introducción de un mes más en el calendario. Era un extraordinario legislador; el Código de Hammurabi es uno de los documentos legales más importantes jamás descubierto. También era un inspirado líder religioso; durante su reinado el dios de la ciudad babilónica Marduk se convirtió en el líder reconocido en el panteón de las deidades.

Los casitas y la II Dinastía de Isin

Durante los reinados de Hammurabi y de su hijo Samsu-Iluna (1750-1712 a.C.), quien le sucedió, la civilización babilónica alcanzó el cenit de su desarrollo cultural y poder político. Algunas de las ciudades más importantes de Babilonia comenzaron a buscar la independencia, y, durante el reinado de Samsu-Iluna, los casitas invadieron por primera vez el país. Aunque Samsu-Iluna tuvo éxito en expulsarles, durante los siglos siguientes se infiltraron definitivamente en Babilonia. Samsu-Iluna también había tratado con el líder rebelde, Iluma-Ilum, quien fundó una dinastía en el sur de Babilonia, en la frontera con el golfo Pérsico, conocido comúnmente como el país del mar.

Con los sucesores de Samsu-Iluna, Babilonia sufrió un grave deterioro en cuanto a su poder y territorio. Cuando, hacia el 1595 a.C., un ejército hitita penetró por el sur hasta Babilonia y llevaron prisioneros y riquezas babilonias hasta la alejada Anatolia, en el reino comenzó el desorden. Durante un breve periodo, Babilonia cayó bajo el dominio de la dinastía del país del mar. Finalmente, hacia mediados del siglo XVI a.C., el gobernante casita Agum (el 1570 a.C.) tomó Babilonia y extendió su territorio desde el río Éufrates a los montes Zagros.

Bajo dominio casita, Babilonia de nuevo se convirtió en un poder de considerable importancia. Así, a comienzos del siglo XV a.C., era uno de los cuatro poderes principales de Asia occidental, los otros tres eran los imperios egipcio, mitanni e hitita.

Después de la recuperación de la independencia de Asiria respecto de la dominación de mitanni a principios del siglo XIV a.C., sus gobernantes comenzaron a interferir en los asuntos de Babilonia e intentaron controlarla políticamente. Finalmente, tuvieron éxito y Babilonia estaba tan debilitada que cayó a manos de los elamitas, que la invadieron por el este, depusieron al rey casita y la redujeron a un estado de vasallaje. En el sur y centro de Babilonia surgió una revuelta y se fundó una nueva dinastía, conocida como II Dinastía de Isin. Hacia finales del siglo XII a.C., Nabucodonosor I (1125-1103 a.C.), uno de los reyes de Isin, derrotó a los elamitas y atacó Asiria. No mucho después, grandes grupos de nómadas arameos emigraron a Babilonia. Durante dos siglos aproximadamente, el país estuvo en un estado de caos político.

Periodo caldeo

Una de las tribus que rodeaban Babilonia era el poderoso grupo conocido como los caldeos. Se asentaron y dominaron el distrito a lo largo del golfo Pérsico. Desde el siglo IX al VI a.C., los caldeos desempeñaron una parte importante en la conformación de la historia de Asia; sus gobernantes ayudaron a destruir el Imperio Asirio y, al menos durante un breve periodo, se establecieron en Babilonia, o, como se comenzó a conocer gradualmente, Caldea, el poder dominante de Mesopotamia.

Uno de los principales reyes caldeos fue Merodak-Baladán II (el 722-710 a.C.), quien luchó amarga y valerosamente, aunque sin éxito, contra cuatro poderosos monarcas asirios: Tukulti-Apil-Esharra (Tiglat-Pilíser III) (745-727 a.C.), Salmanasar V (727-722 a.C.), Sargón II (722-705 a.C.) y Senaquerib (705-681 a.C.), destructor de Babilonia. Los sucesores de Senaquerib, Esaradón (681-699 a.C.) y Assurbanipal, mantuvieron el control político a pesar de las numerosas rebeliones y deserciones. Sin embargo, en el 626, cuando Asiria estaba sumida en desórdenes y amenazada por medas, escitas y cimerios, un caldeo llamado Nabopolasar (626-605 a.C.) se autoproclamó rey de Babilonia. Aliándose con los medas, ayudó a destruir el poderío asirio.

Aprovechándose de la débil posición de Asiria, Egipto comenzó a amenazar Palestina y Siria. En el 605 a.C. Nabucodonosor II marchó contra los egipcios y los derrotó en Carchemish (en la actual Siria). Nabucodonosor II, que reinó durante 43 años, extendió el control político babilonio sobre la mayor parte de Mesopotamia. Entre los estudiosos bíblicos se le conoce como el destructor de Jerusalén y como el rey que llevó a los judíos cautivos a Babilonia. Para los arqueólogos e historiadores es conocido como gran constructor y restaurador. Reconstruyó Babilonia, su capital, con un estilo lujoso y restauró muchos templos en todo Babilonia.

La resurrección bibilónica no duró mucho tiempo. Tras la muerte de Nabucodonosor en el 562 a.C., hubo una prolongada lucha por el poder entre los distintos partidos e individuos. En el 556 a.C. Nabonides, uno de los gobernadores de Nabucodonosor, se convirtió en rey de Babilonia (556-539 a.C.). Figura enigmática en cierto modo, se opuso a la influyente clase sacerdotal de Babilonia. Nabonides dejó la ciudad de Babilonia bajo el control de su hijo Baltasar y vivió durante cierto tiempo en la ciudad de Harran y después en el oasis de Teima, en el desierto de Arabia. En el 539 a.C. los babilonios fueron derrotados por el rey persa Ciro II el Grande, quien también había derrotado a Media. Nabonides fue capturado en Sippar (cerca de la actual Bagdad, Irak); los persas entraron en Babilonia sin encontrar resistencia. Babilonia fue entonces anexionada a Persia y, de este modo, finalmente perdió la independencia.

El legado babilónico

Más de 1.200 años pasaron desde el glorioso reinado de Hammurabi hasta la subyugación de Babilonia por los persas. Durante este largo lapso de tiempo, la estructura social, la organización económica, el arte y la arquitectura, la ciencia y la literatura, el sistema judicial y las creencias religiosas babilónicas sufrieron una considerable modificación, aunque, en general, únicamente en los detalles, no en la esencia. Basados prácticamente por completo en la cultura de Sumer, los logros culturales de Babilonia dejaron una profunda impresión en el mundo antiguo, y particularmente en hebreos y griegos. La influencia babilónica es evidente en las obras de poetas griegos tales como Homero y Hesíodo, en la geometría del matemático griego Euclides, en astronomía, en astrología, en heráldica y en la Biblia

Religión de Babilonia

Moral, creencias sobrenaturales y prácticas rituales de los antiguos babilonios. La cosmogonía y la cosmología de la religión babilónica que incluye dioses, demonios, cultos y sacerdotes, y enseñanzas éticas y morales, fue tomada casi por completo de los sumerios. Sin embargo, los babilonios, cuya raza étnica predominante era la amorrea, sin duda modificaron muchas de las creencias y prácticas inspiradas en los sumerios, de acuerdo a su propia herencia cultural y disposición psicológica. Sólo para citar dos ejemplos destacados, debido al gran éxito militar y la buena conducción política de los amorreos semitas, la ciudad de Babilonia se transformó en el centro religioso y cultural de toda la zona, otorgándole supremacía en el panteón babilónico al dios amorreo Marduk. Sin embargo, los teólogos babilonios consideraron necesario justificar esta elevada posición súbitamente adquirida por Marduk por medio de la ficción legal de que sus predecesores sumerios, los dioses An y Enlil, le habían traspasado oficialmente sus poderes.

El panteón

Los babilonios tenían la concepción de un panteón formado por seres de forma humana, pero con unos poderes y una inmortalidad sobrehumanos. Cada uno de ellos, a pesar de ser invisible al ojo humano, regía sobre una parte específica del cosmos, aunque fuera pequeña, y la manejaba de acuerdo con planes muy bien estudiados y leyes debidamente ordenadas. Cada uno estaba a cargo de uno de los grandes reinos del cielo, la tierra, el mar y el aire; o de uno de los mayores cuerpos astrales como el sol, la luna y los planetas; o dentro del dominio terrestre, de entidades naturales como ríos, montañas y planicies, y de entidades sociales, como ciudades y países. Incluso las herramientas y otros instrumentos tales como una piqueta, moldes de ladrillos y el arado, estaban a cargo de deidades especiales y definidas. Finalmente, cada babilonio tenía un dios personal, algo parecido a un dios ángel bueno, a quien se le rezaba y a través del que se podía lograr la salvación.

Al frente de esta multitud de reyes divinos, estaba Marduk, el dios tribal amorreo, quien antes del gobierno de Hammurabi, en los siglos XVIII y XVII a.C., había tenido un papel secundario y relativamente sin importancia en la vida religiosa de la zona. De acuerdo con el poema de la mitología babilónica, conocido en la literatura universal con el nombre de Enuma elish (“Cuando en la parte superior”, sus dos palabras iniciales), a Marduk se le concedía el liderazgo del panteón y “el reinado sobre todo el universo” como premio por haber vengado a los dioses al vencer a Tiamat, la desafiante y salvaje diosa del caos y a sus monstruosos seguidores. Después de la victoria, Marduk rediseñó el cielo y la tierra, ordenó y reguló los planetas y las estrellas, y creó la especie humana.

Dentro del grupo de dioses babilonios más importantes, además de Marduk, figuran Ea, el dios de la sabiduría, de los hechizos y conjuros; Sin, el dios luna, cuyos templos principales estaban en Ur y Harran, dos ciudades asociadas en la Biblia con el patriarca hebreo Abraham; Samas, el dios sol y de la justicia, quien aparece representado en el Código de Hammurabi; Istar, la ambiciosa, dinámica y cruel diosa del amor y de la guerra; Adad, el dios de la tormenta, los vientos y las inundaciones; y Nabu, el hijo de Marduk, el escribano y vocero de los dioses, cuyo culto llegó a rivalizar con el de su padre en cuanto a popularidad. Además de los dioses del cielo, se hallaban los dioses de los mundos inferiores, así como una gran variedad de demonios, diablos y monstruos, quienes estaban amenazando constantemente a la humanidad y su bienestar. Había también unos pocos espíritus angelicales bondadosos.

Ritos y culto

Cada una de las deidades principales tenía, en una o más ciudades de Babilonia, un gran templo en el que era adorada como dios protector. Las ciudades más grandes también contaban con muchos templos, unos suntuosos, otros humildes, dedicados a una u otra deidad; Babilonia, por ejemplo, contaba con más de 50 templos en tiempos de Caldea (siglos VIII al VI a.C.).

Los servicios que se celebraban en el templo, por regla general se realizaban en patios abiertos, en los que había fuentes para la ablución y altares para los sacrificios. En la cella, o parte más íntima del templo, se encontraba la estatua de la deidad sobre un pedestal erigido en el “santa santorum”, lugar especialmente sacrosanto del templo al que únicamente tenían acceso el sumo sacerdote y algún otro privilegiado miembro del clero o de la corte. En las instalaciones de los templos de las ciudades más grandes, por lo común se alzaba un zigurat o torre de plataformas, coronado por un pequeño santuario. Este santuario al parecer estaba reservado a las importantes ceremonias de matrimonio sagrado que se celebraban coincidiendo con la festividad del año nuevo.

El mantenimiento de los más grandes templos babilónicos requería de grandes sumas de dinero, fruto, en primer lugar, de regalos o de donaciones hechas por la corte y por la gente con mayor fortuna. Con el correr de los siglos, algunos de los grandes templos babilónicos acumularon tal cantidad de riquezas que se convirtieron en los dueños de enormes propiedades y empresas, en las que empleaban gran número de siervos y esclavos. Sin embargo, en un principio el templo era la sede del dios en cuyo honor estaba erigido, y en él se atendían todas sus necesidades según antiguos ritos e impresionantes ceremonias, celebradas por un numeroso clero institucionalizado. Con el paso del tiempo, en el templo se congregaban sumos sacerdotes, sacerdotes que oficiaban en los sacrificios, músicos, cantores, magos, adivinos, clarividentes, interpretadores de sueños, astrólogos, mujeres devotas, así como hieródulas (cortesanas del templo).

Diariamente se ofrecían sacrificios de animales, así como ofrendas de verduras, libaciones de agua, vino y cerveza, y quema de incienso. Tanto a lo largo del año como mensualmente tenían lugar numerosos festejos, incluida una fiesta para celebrar el plenilunio. La fiesta más señalada de todas era la celebración del año nuevo en el equinoccio de primavera; se conocía con el nombre de fiesta Akitu, porque algunos de sus ritos más esotéricos se realizaban en el Akitu, el santuario de Marduk enclavado en las afueras de Babilonia. Las celebraciones duraban once días, e incluían ritos tales como los de purificación, sacrificio, propiciación, penitencia y absolución, aunque también se daban procesiones muy alegres y de mucho colorido. Culminaba con la ceremonia del matrimonio sagrado, la unión ritual del rey (representando a Marduk) con una cortesana del templo (encarnando a la novia de Marduk); la ceremonia se realizaba en el santuario que coronaba, el zigurat.

Creencias

Según los documentos de la época, las creencias éticas y morales de los babilonios hacían hincapié en la bondad y la verdad, la ley y el orden, la justicia y la libertad, la sabiduría y el aprendizaje, y el valor y la lealtad. La misericordia y la compasión iban fuertemente unidas, y se les brindaba una especial compasión a las viudas, huérfanos, refugiados, a los pobres y a los oprimidos. Los actos inmorales o poco éticos eran considerados como una ofensa hacia los dioses y el orden divino, por lo que se creía que el castigo de los dioses era proporcional a la falta. Ninguno se consideraba sin pecado. Por eso, todos los sufrimientos eran merecidos. El modo que tenían los babilonios para demostrar su insatisfacción por sus condiciones de vida, no era la discusión o la protesta, sino la súplica y el duelo, lamentándose y confesando ante su dios personal sus inevitables faltas y pecados a fin de que éste actuara como mediador suyo en la asamblea de los grandes dioses.

Fue notoria la gran religiosidad de Babilonia. Sin embargo, de hecho existía el escepticismo y acaso era mucho mayor de lo que indican las fuentes.

Por ejemplo, un extenso documento literario denominado Teodicea Babilónica, trata del debate entre un escéptico y un creyente, debate en el que al final se hace necesario concluir, de forma muy obvia y con un argumento un tanto insatisfactorio, que la voluntad de los dioses es inescrutable. En otro escrito babilónico, que recoge un diálogo entre un esclavo y su amo, el tono de la conversación suena también escéptico y cínico; la visión relativista considera de antemano que todos los actos del individuo pueden ser justificados, y por lo tanto, en esencia carecen de sentido, en particular porque la muerte hace que la vida sea insignificante.

Los babilonios sentían un terror espantoso a la muerte y esto era fuente de desesperación. En general creían que al morir, el espíritu incorpóreo descendía al oscuro inframundo y que la existencia humana en la sepultura era, como mucho, un reflejo desdichado y tenebroso de la vida terrenal. No existía la esperanza de una recompensa eterna para las personas honradas y con méritos; todos estaban imparcialmente destinados al inframundo. Considerando esto, no es de extrañar que la obra de la literatura babilónica más popular, dramática y creativa, sea el Poema de Gilgamesh, obra que se centra en una angustiosa e inútil búsqueda de la eternidad.

Bibliografía:

 

Editor: Fisicanet ®

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